Rosendo Pinto Zegarra, conocido como Colín, relata su experiencia como detenido político durante la dictadura. A sus 71 años, comparte su historia, comenzando por su vida antes del golpe de Estado. Era un trabajador dedicado a su familia, sin vínculos políticos ni participación en organizaciones sindicales. Trabajaba largas jornadas en la fábrica de pilas en Iquique y estudiaba por las noches para mejorar sus perspectivas laborales.
En noviembre de 1973, fue detenido en su casa sin explicación alguna durante el cumpleaños de su hija. Lo llevaron primero a un centro de detención en Iquique, donde sufrió torturas físicas y psicológicas: simulacros de fusilamiento, golpizas, y amenazas constantes. Después de varios meses, lo trasladaron al campo de concentración de Pisagua. Allí, enfrentó condiciones extremas: trabajos forzados, interrogatorios, humillaciones y más torturas.
Su liberación llegó tras un juicio militar lleno de acusaciones falsas, siendo relegado a Magallanes por un año. El retorno a la vida civil fue difícil. Sufrió discriminación social, aislamiento familiar y dificultades laborales debido a sus antecedentes políticos. Su hija nunca volvió a relacionarse con él como antes, y su familia se fragmentó.