Ricardo Torres fue detenido en octubre de 1973 mientras manejaba un taxi en Iquique y trasladado inicialmente al Regimiento de Telecomunicaciones, donde enfrentó interrogatorios violentos, aunque no fue torturado físicamente como otros prisioneros. Sin embargo, fue testigo de simulacros de fusilamiento y maltratos brutales a otros detenidos.
Posteriormente fue enviado a la cárcel de Iquique, donde permaneció bajo custodia del Regimiento. Allí recibió un trato relativamente decente por parte de algunos oficiales. Sin embargo, fue trasladado a Pisagua. En Pisagua, sufrió torturas, incluyendo golpes y simulacros de fusilamiento, y presenció la muerte y desaparición de compañeros, entre ellos Héctor Higueras y Carlos Yáñez.
Su condena original fue la pena de muerte, solicitada por el fiscal militar, pero el Consejo de Guerra la conmutó a cadena perpetua. Eventualmente, su sentencia fue modificada y fue exiliado a Canadá en 1975. Relata el difícil proceso de adaptación en Canadá, donde trabajó arduamente para sostener a su familia en Chile. Intentó regresar a su país tras el fin de la dictadura, pero enfrentó discriminación y falta de oportunidades, lo que lo llevó a retornar a Canadá.