Luis Tapia Hidalgo fue estudiante y deportista en su juventud, militaba en las Juventudes Socialistas, siguiendo los pasos de su padre. En agosto de 1973 fue detenido injustamente bajo acusaciones falsas de participar en actividades subversivas, pasando una semana encarcelado. Tras el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, vivió con temor constante. El 28 de septiembre fue detenido nuevamente mientras huía de los militares que lo buscaban en su barrio.
Luis fue llevado al regimiento de Telecomunicaciones de Iquique, donde sufrió brutales interrogatorios y torturas: golpes, quemaduras de cigarrillos y simulacros de fusilamiento. Posteriormente fue trasladado a un container de metal, donde permaneció en condiciones inhumanas antes de ser llevado al campo de prisioneros de Pisagua.
En Pisagua, enfrentó trabajos forzados, más torturas y violencia extrema por parte de los militares. Describió casos específicos de otros prisioneros, como Nelson Márquez y Andrés Carlos, quienes sufrieron abusos y castigos hasta ser asesinados o quedar psicológicamente destruidos.
Luis también recordó su participación en el Consejo de Guerra, donde fue condenado a dos años de prisión. Fue trasladado a la cárcel de Iquique, donde enfrentó nuevas dificultades para encontrar trabajo y continuar sus estudios tras ser liberado. Sin embargo, logró reconstruir su vida, formando una familia y criando a dos hijas profesionales.