Luis Caucoto narra su vida desde su infancia en una familia obrera de la pampa salitrera, marcada por la militancia socialista de su padre y el ambiente sindical de la época. Ingresó a la Juventud Demócrata Cristiana y posteriormente al MAPU, siendo un activo dirigente estudiantil en la Universidad de Concepción durante el gobierno de la Unidad Popular.
Tras el golpe de Estado de 1973, fue detenido en Iquique y trasladado al campo de prisioneros de Pisagua, donde fue torturado brutalmente y testigo de ejecuciones masivas. Relata los consejos de guerra que llevaron a la muerte de compañeros como Haroldo Quintero, Nelson Márquez y José Santos. También menciona la crueldad de militares como el comandante Larraín y el teniente Carlos Herrera Jiménez, conocido por su papel en violaciones de derechos humanos.
Luis recuerda las condiciones infrahumanas del campo, donde enfrentó trabajos forzados, hambre y constante violencia. A pesar del horror, destaca la resistencia y solidaridad entre los presos. Después de su liberación y relegación a una isla del sur, enfrentó secuelas físicas y emocionales, además de exilio y persecución.
Menciona a : Haroldo Quinteros, Nelson Márquez, José Santos, Rodolfo Fuenzalida, Juan Antonio Ruz, Germán Palomino, Luis Pedro Castillo (Torito), Luis Yáñez, Julio Cabezas, Andrés Carlos, Brito y Miranda, Gendarme Higueras.