Elena Espinoza Geddes, simpatizante del Partido Comunista, relata su detención en su hogar en Iquique durante la dictadura militar en Chile. Sin militancia formal, su interés político y participación en concentraciones públicas la convirtieron en objetivo del régimen. Fue arrestada de madrugada y llevada al regimiento de Telecomunicaciones, donde fue interrogada antes de ser trasladada a Pisagua.
En Pisagua, soportó condiciones de encierro y miedo constante. Aunque no sufrió tortura física directa, vivió bajo amenazas y presenció interrogatorios violentos contra otros detenidos, cuyos gritos aún recuerda. Relata cómo ella y sus compañeras encontraron formas de comunicarse en secreto con los presos hombres mediante notas ocultas.
Menciona a varias compañeras como Margarita Álvarez, conocida por mantener el ánimo del grupo cantando y contando historias. También destaca a Anita Marambio y otras mujeres con quienes formó lazos indestructibles que perduran hasta hoy.
Tras su liberación, enfrentó arraigo y debía firmar semanalmente ante las autoridades. Aunque logró retomar su vida laboral, las experiencias de detención y el ambiente represivo dejaron una huella profunda en su memoria.
Menciona a: Margarita Álvarez, Anita Marambio, Nadia García, Freddy Taberna, Roberto (vecino) y Clotilde (compañera de detención)