Alfonso Araya nació en Chuquicamata y se trasladó a Iquique, donde trabajó en la Dirección de Obras Sanitarias. Fue militante comunista y luego integrante del Frente de Trabajadores Revolucionarios (FTR).
Fue dirigente sindical en Obras Sanitarias, lo que lo expuso como objetivo político tras el golpe de Estado de 1973. El 4 de noviembre del mismo año fue detenido por militares y llevado al regimiento de Telecomunicaciones en Iquique. Allí fue brutalmente interrogado, golpeado y torturado mediante métodos como golpes, electrocución y colgamientos. Además, fue acusado falsamente de conspirar para envenenar el agua, una de las múltiples acusaciones fabricadas en su contra.
Fue sentenciado en un consejo de guerra y relegado a Ovalle por más de 500 días. Tras cumplir su relegación, regresó a Iquique y luego se trasladó a Arica, donde trabajó en una notaría mientras continuaba vinculado a actividades de derechos humanos. Al tiempo, fue detenido nuevamente por las autoridades debido a su activismo y sufrió un montaje judicial que lo llevó a prisión por más de un año.
Menciona a: Nuñez (Pajita), González (Pera), Toro (Torito), Valdrá, Zurita, Adonis, Freddy Taberna.