Ana Cortés Segovia, hija de Oscar Cortés —ejecutado político el 16 de octubre de 1973—, relata el profundo impacto que tuvo la represión dictatorial en su familia y en su propia vida. Recuerda a su padre como un hombre amoroso, comprometido con la justicia social y la educación de sus hijos, cuya detención y posterior ejecución marcaron el fin de una infancia que describe como feliz y segura. Tras su muerte, la familia enfrentó graves dificultades económicas y sociales, debiendo su madre, embarazada en ese momento, sostener sola a sus hijos en un contexto de miedo, aislamiento y precariedad. Estas experiencias llevaron a Ana a involucrarse tempranamente en la militancia comunista, entendiendo su compromiso político como una forma de continuar el legado de su padre.
A lo largo de la entrevista, Ana reflexiona sobre las consecuencias de largo plazo de la violencia política, recordando también la detención y tortura de su esposo durante la dictadura y el temor constante a revivir la pérdida sufrida con su padre. Expresa una mirada crítica respecto de los avances en verdad, justicia y reparación, señalando que la familia aún mantiene procesos abiertos y continúa esperando el esclarecimiento total de los hechos. Destaca especialmente la exhumación y reconocimiento de los restos de Oscar Cortés en 1998, un momento profundamente emotivo que permitió reencontrarse simbólicamente con él después de décadas de incertidumbre.